Origen del meu semantisme ?

12 mar. 2009

Lo que hacemos por los fans ! (o Leblog en Parapente)


Este fin de semana he aprobado una de mis asignaturas pendientes: atreverme a ser capaz de volar en parapente. Cada vez me asombra más mi capacidad de complicarme la vida cuando una simple palabra de seis letras guía mis designios: GRATIS.
La plácida espera al sol de la campiña (y al crujir de los pistachos) nos deleita con el armónico descenso de las alas multicolor y termina en mi breve paseíllo hacia el cadalso jalonado por los míos.
La furgoneta que nos traslada al montículo se llena de bromas sobre la inexperiencia de los pilotos y su asignación a los bautistas del aire: “tú volarás con Pere” me dice el jefe mientras ataca un bocadillo de fuet. Los pequeños ojos de Pere y su enigmática mueca no auguran nada bueno…
Una vez en la cima, admiro la solvente coreografía de los pilotos desplegando sus enormes velas y ordenadas marañas de cuerdas en no más de 30 metros cuadrados a 3 metros del abismo. Yo, encasquetado de blanco cual condenado Calimero y dado que mi ayuda era del todo inútil en esos momentos, divago pensando en los pocos segundos que separan el “tengo que probarlo algún día” con el “que cojones hago yo colgado en las alturas con un bigotudo pegado a mi espalda”
Minutos más tarde, tras la espera de las brisas apropiadas, una breve carrerita y un salto al vacío… Alea Jacta Est…estamos volando. Suerte que nadie ha traído una cámara, la imagen de un cuarentón de más de 100 kg. pataleando en el aire dista mucho de mis estándares estéticos.
Tras los primeros minutos para hacerme a la situación y disfrutar del paisaje aferrándome salvajemente a las correas por si acaso…recuerdo que a mí, ocasionalmente, me marean las alturas y los vaivenes..demasiado tarde.
Mientras mi irónico piloto-mochila se esfuerza en iniciarme en el gobierno de los vientos, yo me planteo poner fin a mis 15 minutos de gloria, 13 minutos antes de lo previsto.
La experta mirada del piloto-canguro dominando el espacio, debe contrastar con mi compungido gesto, empapado en sudor y más blanco que Iniesta después de muerto. Mis compañeros planean pocos metros por encima de nosotros mientras mis 100 kilates nos lastran a una plano inferior (pero nos mantienen más cerca del suelo en caso de caída libre). Digo yo que cayendo “sólo” desde 500 metros “sólo” nos romperemos 40 huesos…
La vocación didáctica de mi adosado amigo y el aluvión de datos técnicos sobre los vientos, sus direcciones y la manera de gobernarlos contrastan con mis esfuerzos por no vomitar a contraviento en una bonita trallectoria (trallectoria de trallar) redecorando su ajado uniforme multicolor.
Por mi giratorio cerebro pasan mil ideas, que si se afloja la cuerda, que si nos comemos el árbol, que si el tonto de amarillo se nos acerca demasiado y nos convertirá en un ridículo amasijo de tela, cuerdas, carne y ojos desorbitados cayendo a 100 km./hora (traducido: a 3 segundos de la tortilla de insensato). Nada que temer, durante eternos minutos planeamos magistralmente de izquierda a derecha aproximándonos lentamente al bendito suelo.
Un poco antes de lo previsto, mi bautizo aéreo llega a su fin. Lo que el piloto maniobra con pericia como un suave aterrizaje con grácil posado en la hierba , lo remato torpemente emulando a un hipopótamo centrifugado.
Ahora sí, liberado de las cuerdas, me incorporo vencedor…. y mis hijos aplauden y fotografían admirados a su osado progenitor. El mal rato es un bajo precio para mi doméstica heroicidad.
Para los que aún queráis disfrutar de la experiencia, es justo confesar que por 60 segundos sentí la libertad del pájaro, la sensación de dominio del creador supremo, la insoportable levedad del ser..aunque me parecieron un suspiro comparados con los 60 minutos de mareo y sudor frío que sólo una butifarra con patatas consiguieron mitigar.
De todo ello y con la suma de emociones y efluvios producto de la experiencia ya puedo decir a los cuatro vientos (y me importa un güevo de donde soplen) ya he volado en parapent ¡!
Lo dicho, una experiencia ÚNICA e IRREPETIBLE (¡ Nunca Mais !)

John LeBlog